martes, 16 de abril de 2019

Entrevista a Juan Pablo Castel

Entrevista a Juan Pablo Castel


Todas las entrevistas hasta ahora han sido cómodas para todos: para ustedes, que las leen, para mi, que las escribo, y para los entrevistados, que responden a mis preguntas. 
Pero hoy les traigo algo distinto, algo menos cómodo para todos, algo que dudé en publicar porque desde el momento en que puse un pie fuera del recinto donde mantenían a Castel quise borrar la grabación. Pero como dicen, the show must go on, así que los dejo con Juan Pablo Castel, quien deja el testimonio de su asesinato a María Iribarne en El Túnel. Diría que la disfruten, pero hagan lo que puedan.

El personaje de Sabato es fantástico, escalofriante y encantador. Pueden encontrar la reseña del libro acá.


Realmente no sé qué cadena de eventos me permitió llegar frente a sus rejas. La tecnología de Stark siempre me sorprende. No lo sé ni lo pregunté, puesto que supuse que mi llegada no pasaría inadvertida y pronto sería despachada a otro lugar. El tiempo estaba contado. Un hombre flaco, de facciones marcadas por huecos oscuros como los de una calavera recubierta de piel amarilla estaba sentado en una especie de catre contra la pared. No me miró pero carraspeó, haciéndome saber que me había visto. Le hablé.

Buenas tardes, Castel. Si me permite, vengo a hacerle unas preguntas.

No me trate de usted.

Bueno. ¿Puedo hacerte unas preguntas?

¿Quiere de verdad que las responda? ¿O viene a regocijarse en su poder de interrogarme sin importarle lo que le diga? Pensé que los periodistas ya habían tenido suficiente con lo que dije. Si no fue así, en realidad no me importa en lo más mínimo. Ni ellos ni usted. En todo caso, como soy una buena persona, le ofrezco que se siente y diga lo que tenga que decir, que seguro alguien la mandó a averiguar algo.

¿Sos una buena persona, entonces?

¿Usted piensa que lo soy?

Mataste a un ser humano. Así que no.

¿Mató usted a alguien alguna vez?

Claramente, no.

Pero si nunca mató a nadie no entiendo su seguridad en decir que eso me convierte una mala persona. Si hubiese sabido que iba a estar encerrado acá, ni el ciego ni los otros estarían vivos. ¿Eso me convierte en un monstruo o en alguien sensato? Pero me pregunto, entonces ¿todos los que no han matado a nadie, esos que están afuera…pelotón de seres mediocres automáticos…todos son buenas personas? No me conteste, en realidad no me importa lo que piensa.

Leí a los críticos hablar de tu trabajo antes de venir para acá…

Me cortó

La única crítica que me interesó alguna vez ya no existe. Los otros imbéciles aristócratas creen que mi trabajo tiene algún valor ahora mayor porque estoy encerrado, y todo el mundo quiere pensar en la idea poética del hombre encarcelado y su arte libre para siempre. Nadie nunca jamás va a entender mi pintura y esta se lo merece, por controlarme y me lo merezco por dejarme controlar y pintar la ventana maldita que desencadenaría un infierno interminable hasta hoy y por el resto del encierro.

Su tono era cada vez más agitado y de pronto lo noté más cerca, como si se hubiese arrastrado hacia adelante pero manteniendo su cuerpo aún en las sombras. Yo seguía parada, sin haber aceptado su oferta de sentarme —en el piso, porque no había ningún banco ni lugar donde sentarme en realidad— y tratando de hacer que las preguntas fueran dirigidas hacia él, y no hacia los dos.

En El túnel tenías la seguridad de que la gente iba a leer la historia del crimen. Sabían que mataste a  María Iribarne pero el libro les contaba más, y las nimiedades siempre atraen a los curiosos. Y se cumplió, la gente leyó El Túnel. Pero solo sirvió para hundirte.

Yo estaba hundido ya desde el momento en que quise morirme en el muelle. Lo he querido desde entonces. Lo dije al principio y lo digo ahora, nada me importa la opinión de los hombres, o de toda la estúpida humanidad. ¡Soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne! Eso será recordado por siempre. Me concedieron la inmortalidad de la memoria. Aún a la hora de mi propia inexistencia María será muerta por mi y El Túnel la desnudez de los dos. Nada cambia el pasado, solo se omite con el olvido. Sabía que había un solo túnel, el propio ¡EL MÍO, MÍO Y DE NADIE! Sabemos que los túneles paralelos que imaginé alguna vez no existen.

Se acercó rápidamente a la reja, y su cara machucada se iluminó con la luz del pasillo.

Las ventanas serán mías para siempre, y María, las ventanas y María y este destino infinitamente solitario camuflado en oscuridad, ¡que en la noche me seduce y me engaña y de pronto hay dos túneles, el mío, MÍO, y de ella! Pero sabemos que…

Hay un solo túnel, oscuro y solitario. El tuyo.

Me gritó con furia, y volvió la cara a la pared iluminada. Allí, la reproducción de la ventana hacia la playa, una y otra vez se repetía enfermiza.

Usted no vino acá a preguntarme cosas, porque las cosas ya las sabe. Es como los otros, vino acá por María y por usted, no le importa saber, le importa entender. Pero no va a entenderlo nunca. ¡Nadie va a entenderlo nunca! Solo lo hizo un ser humano en todo el mundo, sabe...

De pronto me sentí sucia en su compañía. Angustiada. Culpable. Salí de ahí lo más rápido que pude, con la incomodidad e impotencia de escucharlo. Trataré de olvidar el encuentro para siempre.








3 comentarios:

  1. FAN. Es increíble como logras darle voz a los personajes de otros autores y volverlos tan reales.

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  2. Hola Tami.
    Me encantan tus entrevistas. De verdad admiro cómo eres capaz de hacerlas; como dice Romi, de darle vida a los personajes de una novela. Te aplaudo de pie!

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  3. Cómo me gustan estas entrevistas tuyas ♥

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