miércoles, 27 de marzo de 2019

Un café con "Un cuarto propio"

Un cuarto propio


Nombre original: A Room of One's Own

Nombre en español: Un cuarto propio (Traducción de Jorge Luis Borges)

Autora: Virginia Woolf

Género: Ensayo

Sinopsis: «No hay marca en la pared para medir la precisa estatura de las mujeres. No hay medidas… que determinen las condiciones de una buena madre o el cariño de una hija, la fidelidad de una hermana o la capacidad de un ama de llaves», comenta Virginia Woolf en este ensayo, pero lo que también nos dice es que para escribir una novela una mujer tiene que tener un cuarto propio y comida caliente; en resumen, tener una vida propia e independiente. Lejos de ser un alegato furibundo contra los hombres, Un cuarto propio es un elegante ensayo que ya en 1929 ponía sobre la mesa unos temas que aún hoy son objeto de debate, como la dependencia económica de la mujer con respecto al hombre, el cuidado de una familia y la figura de la mujer como musa inspiradora del artista pero con poca presencia en la práctica de la creatividad. Este ensayo, publicado ya repetidas veces en España, se presenta ahora de forma inédita: su formato va a ser especial y además de la traducción de Jorge Luis Borges y el prólogo de Kirmen Uribe, va a contar con unas espléndidas ilustraciones de la joven dibujante norteamericana Becca Stadtlander.


Vengo postergando la lectura de este libro, primero porque no lo tenía, cuando lo tuve porque con el trabajo no me sentía con el tiempo necesario para prestarle atención, y cuando dejé el trabajo y me vine a estudiar no lo empecé porque tenía miedo, y me di cuenta de que todas esas razones anteriores no eran más que excusas que estaban postergando la lectura. Enfrentarme a una Virginia Woolf ensayista —conocía a la Virginia novelista y cuentista— me llenaba de expectativas y de responsabilidades como lectora que no sabía si iba a poder cumplir. Pero la verdad es que la verborragia de Virginia en su discurso no hizo más que darme ganas de seguir leyendo. Así que dentro de mis posibilidades, voy a contarles sobre esta lectura.



Un cuarto propio está dividido en seis capítulos, donde vamos a recorrer los estantes de la Biblioteca del Museo Británico —y la historia de la escritura de mujeres—, no en silencio, sino en compañía del brillante monólogo interior de Virginia que introduce autores de discusión, se enreda, se aclara, se dice y se desdice, para al final abrir dudas y generar incomodidad. Para, en grandes rasgos: interpelar al lector.


El primer capítulo es el más lento e introductorio, y la autora va a explicar su tema de discusión "Las mujeres y la novela" y por qué hablar sobre eso le genera un problema que va a desencadenar muchos otros debates que va a ampliar a lo largo del libro. Cito sus primeras palabras “Pero, dirán ustedes, nosotros le pedimos que hablara sobre las mujeres y la novela, ¿qué tendrá eso que ver con un cuarto propio? Intentaré explicarlo.” Un cuarto propio surgió con la intención de escribir una conferencia para la Universidad de Cambridge bajo el título que mencioné antes: Las mujeres y la novela. Ya en este primer capítulo surgen varios nombres conocidos, Jane Austen, George Elliot, las Brontë, que van a dar pie para que se empiece a discutir el tema principal, que es el lugar de las mujeres en la escritura y la lectura a lo largo de los años. De ahí su frase famosa “(…) para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio (…)” 

Virginia va a plantear a la pobreza letrada de la población femenina como una consecuencia de la alfabetización del varón y la subordinación de la mujer a los varones letrados. Es decir, desde ese punto, va a abarcar un período de tiempo muy amplio —recordando lo de que vamos a recorrer la estantería del Museo Británico buscando autoras mujeres— y va a poner ejemplos de mujeres escritoras y las condiciones en las que escribieron sus obras más famosas. Por ejemplo, ¿qué hubiese pasado con Jane Eyre si Charlotte Brontë no hubiese tenido que estar al pendiente de lo que pasaba a su alrededor? ¿cómo hubiese resultado esa obra si Charlotte hubiese tenido un cuarto propio para escribir largo y tendido a su antojo? Mientras que los escritores varones del siglo XIX (y siglos posteriores) podían hacer uso de su tiempo sin ser interrumpidos, las mujeres escritoras, además de publicar bajo seudónimos masculinos porque su condición de mujeres ya les quitaba prestigio, tenían que hacerse cargo de la casa, o en el caso, de los niños, esposo, y demás. Entonces Virginia invita a la reflexión con qué hubiese pasado si… También está lo de que mientras el hombre podía, o puede escribir sin ninguna censura, la mujer está entre márgenes que no puede cruzar, y eso hace que escriba desde la ira, en lugar de escribir serenamente. Esto, entre otros temas que se tocan en el libro.

Lo que más me llamó la atención es el humor y la ironía que se cuela en el discurso que por cierto, no es para nada dogmático o autoritario, al contrario, es abierto e invita a la discusión. Pero es un monólogo tan simpático, que a pesar de estar exponiendo una incomodidad, de estar haciendo una denuncia, se hace desde una posición irónica, burlando la superioridad del varón en la lectura y la escritura. Los pensamientos de Virginia al principio me resultaron confusos, pero luego estos van agarrando cierto ritmo que engancha y el vaivén de pensamientos solo enriquece más el debate a solas en el Museo Británico. Es un discurso provocativo, para nada inocente, y se mete con autoras conocidas y cita voces de hombres que quieren deslegitimar las voces femeninas en la escritura. Es una lectura amena pero que (creo) requiere de relecturas para terminar de comprender. Quizás solo fui yo, pero tuve la impresión de haber dejado cosas por el camino.

Me sentí confundida al terminar la lectura. El libro es maravilloso, Virginia es maravillosa, y sus aportes al feminismo en el siglo XX han significado mucho, pero Un cuarto propio tiene algo más. Al
relatar todo el proceso —humillación, vergüenza, entre otras cosas— que tuvo que pasar para que una mujer pueda decirse escritora, me hizo sentir con cierta responsabilidad a la hora de escribir. ¿Qué escribo? ¿Para quién? ¿Cuál es mi intención? Esas son preguntas que me quedaron resonando y que sé que tienen importancia. Cierta parte de su discurso final habla de hacerle honor a la escritura conquistada, y acá es cuando me emociono, se me eriza la piel (todo el libro es genial y puede pasarles esto) y les digo que lo lean, que escriban y que lo vuelvan a leer como lo voy a hacer yo. Y, para que sepan, es el único libro que he leído este año al que le he puesto cinco estrellas en Goodreads. Yes, baby.


Algunas de mis partes favoritas:



"Es una verdadera lástima qe la mujer que podía escribir así, cuya mente condecía con la naturaleza y la reflexión, haya sido forzada al enojo y la amargura. ¿Pero qué podía hacer?, me pregunto, imaginando los sarcasmos y la risa, la adulación de los parásitos y el escepticismo del poeta profesional."

 "Aquella mujer, pues, que nació con el don de la poesía en el siglo XVI, era una mujer desdichada, una mujer en lucha consigo misma."

"Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer." 



 "Cierren sus bibliotecas si quieren; pero no hay puertas, ni cerraduras, ni cerrojo que cierre la libertad de mi espíritu." 







Biografía de solapa: "Virginia Woolf nació en Londres el 25 de enero de 1882 y murió el 28 de marzo de 1941, ahogada en el río Ouse. Al morir su padre, el conocido hombre de letras Sir Leslie Stephen, Virginia y su hermana Vanessa abandonaron el elegante barrio de Kensington y se trasladaron al bohemio Bloomsbury, que dio nombre al brillante grupo literario formado alrededor de las hermanas Stephen. En este grupo participaron, entre otros, T. S. Eliot, Bertrand Russell, Vita Sackville-West y el escritor Leonard Woolf, con quien se casó Virginia y junto al que dirigió la prestigiosa editorial Hogarth Press.
Desde sus primeras obras Virginia Woolf resaltó su intención de llevar las novelas a algo más que a una mera narración. En sus siguientes trabajos, La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927), la autora expresaba los sentimientos interiores de los personajes con técnicas propias, consiguiendo grandes efectos psicológicos por medio de imágenes, metáforas y símbolos. Su técnica se consolidó con Orlando (1931) y Las olas (1931), que le dieron un puesto indiscutible dentro de la mejor literatura universal. Además, Woolf escribió biografías y ensayos tan famosos como Un cuarto propio (1929), un ensayo que aún hoy es inspiración para las nuevas generaciones de mujeres, o Flush, la biografía del perro de la poeta inglesa Elizabeth Barrett. "

6 comentarios:

  1. Aaaaah, quiero leerla! Tengo pendiente a Virginia en todas sus formas, y necesito cumplir con el propósito de este año de leerla. FAN de tu reseña, Tami.

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  2. ¡Hola Tami!
    Todavía no leí nada de Virginia, N A D A. Y obviamente me llamó la atención Un cuarto propio, sobre todo después de leer tu opinión, creo que va a ir a mi lista de prioritarios a leer y a ser posible me gustaría tenerlo en físico.

    ¡Un abrazo y un beso!

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  3. Hola, linda. Leí este libro hace algunos años y lo amé, por supuesto. Creo que tenemos la misma edición y todo ♥. Me encantó tu reseña, te espero por el club :)
    Un besote!

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  4. Hola Tami. No he tenido la oportunidad de leer nada de la autora; pero este ensayo debe estar interesante. Por lo que cuentas, el argumento me llama la atención. Voy a tenerla en cuenta para futuras lecturas.
    Un besote!

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  5. ¡Hola! ^^
    Es un libro del que he oído hablar mucho, y supongo que lo leeré en algún momento, pero no tengo prisa. Tampoco sé si será para mí, pero quiero darle una oportunidad al menos.
    Besos!

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  6. Como sabés Amo a Virginia, mucho, como narradora y como ensayista. Me encantó tu reseña, tu visión siempre tan atinada, observando lo pertinente para interpelar a tu lector y persuadirlo a la lectura. Gracias por esta reseña es un placer leerte.

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