miércoles, 2 de enero de 2019

Seco y mojado

Seco y mojado



"Ya he perdido el nombre que me llamaba,
su rostro rueda por mí

como el sonido del agua en la noche,
del agua cayendo en el agua.
Y es su sonrisa la última sobreviviente,
no mi memoria"

Alejandra Pizarnik





Las pestañas se vuelven más pesadas con la lluvia. Se pegan, mientras las gotas resbalan lentamente por la frente, las cejas, los ojos, y terminan en pequeñas gotitas arrastrándose por los pelitos que se aferran a los párpados. El parpadeo es más denso, un aleteo suave en un aire sólido de vapor. El respirar también se apacigua, cada inhalación se siente pegajosa, sucia, apabullante. Dentro y fuera. Los pies  rodeados de championes mojados pesan más. El cuerpo entero pesa más, por dentro y por fuera.
Ella caminaba lento. Sabía que al llegar el resfrío le iba a sonreír en el vidrio de la puerta de entrada. Pensaba en una toalla áspera y seca, que absorbiera la pesadumbre que había arrastrado por cuadras enteras, pero también pensaba en qué película podría ver al llegar y qué podría prepararse para comer.
El chapoteo del calzado dentro de los charcos de agua ya imposibles de esquivar daban un sonido amortiguado, satisfactorio e imperfecto.

Blup, blup, blup.

Nada más.

Su reflejo en el agua turbia, llena de barro, le devolvía la mirada con la misma expresión de no tener idea de que hacer. Del otro lado del charco, la chica seca miraba a la otra chica que empapada y quieta la estudiaba bajo el chaparrón con la cabeza inclinada. Ella, la otra, la del charco, imitaba sus movimientos con curiosidad y diversión. Del otro lado llovía seco. No se mojaba, pero sabía que del otro lado estaba lloviendo mojado y que ella, la mojada, la que la miraba a través del agua, tenía ganas de mojarse.

Del lado seco, estaba la mujer seca mirando hacia arriba a la mujer mojada, que metió el pie en el charco y atravesó al lado seco. La mujer seca le desató los cordones, y volvió a su lugar imitando la cara de sorpresa de la otra al ver sus cordones embarrados. Las All Star azules parecían negras con la mezcla de agua y barro, y los cordones blancos habían terminado en un café oscuro que tendría que enjuagar antes de meter a la lavadora.
La seca, se tragó una sonrisa y la carcajada retumbó dentro de su estómago dejando una sensación de cosquilleo que llegó hasta el otro lado, como una onda, dónde la mujer mojada sonrió. Nunca un charco le había parecido tan hermoso. Ahí se veía su reflejo, pero en su reflejo era otra, porque aún en un charco lleno de barro la sonrisa era limpia. La mujer seca saludó a la mujer mojada con un ademán y la mojada enseguida se miró la mano, sin saber si ella había enloquecido y saludado a un charco sin darse cuenta, o sus sentidos la habían traicionado. Seguro era la lluvia y el vértigo de ver el reflejo del árbol, y el cielo en el charco, que parecía un agujero a un mundo infinito y perfecto.

Del lado seco, la mujer miraba hacia arriba mientras cada vez comenzaban a caer más gotitas secas del charco desbordado. Le dieron ganas de mojarse, al menos un poquito. Nunca la habían dejado. Estaba prohibido. Su vida consistía en estar del otro lado del charco para tomar la forma de las personas del lado mojado. Pero no podían mojarse. La mujer seca no conocía su cuerpo. No sabía si tenía dos ojos, o tres, o ninguno. O si tenía forma. O si se parecía a la nada misma. En el lado seco tampoco hay espejos. No hay manera de verse a uno mismo. Quiénes allí viven solo pueden tomar la forma del charco, y sonreír, e imitar, y disfrutar. Si no llueve por mucho tiempo el lado seco comienza a desaparecer. A volverse más débil, y entonces hay más charcos que cambiantes, y los charcos vacíos son lo más triste del mundo. Cada charco tiene que tener su cambiante. Siempre.

Del lado mojado, la mujer sabe que se está atrasando. Sigue mirando el reflejo interrumpido por las gotas de lluvia que caen al agua y provocan movimiento. Pestañea, las pestañas se pegan, se despegan y vuelven a quedar en su lugar.

Da un paso.

Pisa  el charco.

Blup blup.

Dos pasos la alejan de la cambiante que en las profundidades del mundo seco, llora mojado a otro reflejo perdido y vuelve a desaparecer, sin forma y con esperanza, preguntándose quién va a ser la próxima vez.





6 comentarios:

  1. Qué lindo juego hacés, Tami. Abrazote ♥.

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  2. Hola bella! me gusta el juego del "seco y mojado", del "allá y acá" con todo lo que significa.
    Lo demás te lo comento por interno.
    Besos

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  3. Sos tan creativa y genial. Da gusto leerte pequeña Tami ♥

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  4. QUÉ BELLO RELATO PEQUEÑA TAMI 😍 Me encantó

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  5. AY TAMI ME ENCANTÓ MUCHÍSIMO ������

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